martes, 25 de septiembre de 2007

CAMINO DE PIEDRAS

ENIGMA
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Esta historia ocurrió en un olvidado lugar, donde el arco iris solía posarse en los campos de trigo, en los tiempos lluviosos del otoño.
Como todos los días, el viejo Járkov, algunos campesinos y su bella hija labraban los campos de cereal. En los últimos años las cosechas habían sido diezmadas por terribles sequías, plagas e inundaciones y la familia de Járkov se había endeudado considerablemente con el rey de la comarca.
Piotr Ivano, un soberano cruel y senil solicitó la presencia de Járkov y su bella hija en los jardines de su reino, para llegar a un justo acuerdo con el que se pudiera saldar la fatigosa deuda de una vez por todas.
-Járkov –dijo el rey- Tu deuda asciende a cifras exorbitantes y harían falta diez años de benéficas cosechas para que pudieras pagarme.
-Lo sé amo, pero las inclemencias del tiempo y los estragos de las plagas me persiguen sin tregua.
-Me da pena tu mala suerte y para que veas que soy sincero quiero proponerte un buen arreglo. El campesino abrió los ojos y puso toda su atención en lo que iba a decir el rey.
-¿Ves este camino tapizado de piedras blancas y piedras negras? –Pregunto con tono solemne el soberano. Járkov asintió con la cabeza mientras su hija veía con tristeza las manos temblorosas de su padre.
-Bien, tomaré una piedra blanca y una piedra negra, ambas las depositaré en este saquito y tu hermosa hija con los ojos vendados sacará una. Si la piedra que ella saque es blanca, toda tu deuda quedará saldada y tu serás el único dueño de las tierras que cultivas. Después de escuchar esta palabras Járkov y su hija se tomaron de la mano y se vieron fijamente a los ojos dedicándose una amplia sonrisa.
-Pero si tu hija –continuó el rey- Saca una piedra negra, deberá casarse de inmediato conmigo y tu deuda por supuesto quedará saldada además de convertirte en el único propietario de tus tierras de labranza. Al escuchar la segunda parte del sorpresivo convenio del rey, Mireya soltó la mano de su padre dejando escapar un suspiro que le recordó a Fiodor quien era además de su amado, su prometido.
-Como ves, mi trato es justo y benévolo contigo –dijo el rey satisfecho de su gran generosidad. En ese momento el monarca frente a su numerosa comitiva avanzó unos pasos por el camino cubierto de piedrecillas, Mireya no le apartaba la vista y vio horrorizada como el rey tomaba dos piedras negras y con gran desenfado y sin escrúpulos las colocaba dentro del saquito.
-Ahora deberás sacar una piedra –le dijo el monarca a la joven acercándole el talego mientras una doncella le vendaba los ojos. Mireya en un impulso de rabia incontenible estuvo a punto de poner en evidencia al rey, pero en ese momento sintió el saquito entre sus manos y no le quedó más remedio que sacar una piedra.

Amable lector ¿Podría usted terminar esta historia? ¿Qué haría si fuera Mireya? ¿Cómo supone que pudo haber salido bien librada de este tremendo lío? Recuerde que debe sacar una piedra del saquito y que debe someterse a cualquiera de las dos sentencias.

Adaptación de un texto original publicado en la revista Cacumen

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